Texturologie XLV (aux crépitements) (Con crepitaciones)

Texturologie XLV (aux crépitements) (Con crepitaciones)

  • Autor: Dubuffet, Jean
    Nacionalidad Francesa
    (Francia, Le Havre, 1901 – Francia, París, 1985)
  • Fecha: 1958
  • Origen: Adquisición Torcuato Di Tella (Fundación e Instituto), 1971
  • Género: matérico, posguerra
  • Escuela: Francesa S.XX
  • Técnica: Óleo
  • Objeto: Pintura
  • Estilo: AbstracciónInformalismo
  • Soporte: Sobre tela
  • Medidas: 97 x 130 cm.
  • Ubicación: Sala 34 - Arte latinoamericano 1945 - 1970 - El arte de posguerra I: la nueva hegemonía

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Nº Inventario 7976

Comentario sobre Texturologie XLV (aux crépitements) (Con crepitaciones)

​El 22 de junio de 1959, Guido Di Tella escribió a la parisina Galerie Daniel Cordier solicitando que le enviaran información sobre obras de Jean Dubuffet. En su misiva explicitaba que, ante su viaje previsto para enero-febrero de 1960, se encontraba interesado en adquirir pinturas de ese artista; con el mismo fin, Di Tella también se dirigió a la Pierre Matisse Gallery, representante del artista en Nueva York. Aconsejado por Lionello Venturi –quien le había señalado a Dubuffet como uno de los pintores franceses más importantes “de la reciente generación”, junto a Bazaine, Manessier, Hartung, Wols, De Staël y Fautrier– el empresario consultó en ambas galerías sobre los precios de las obras del artista y requirió que le enviaran diapositivas para poder anticipar su elección (1).
Poco antes, entre el 28 de abril y el 7 de junio, había tenido lugar en la Galerie Daniel Cordier la exposición en la que Dubuffet había presentado su obra reciente: un conjunto de veinticinco Topographies, veinticuatro Texturologies y nueve litografías de la serie de los Phénomènes. Entre las pinturas exhibidas se encontraba Texturologie XLV (aux crépitements), la obra que adquirió finalmente el empresario y coleccionista argentino.
En el catálogo de esa muestra parisina se reprodujo un texto en el que Dubuffet daba cuenta de su afición por lo corriente y lo banal, por lugares desprovistos de algún interés particular, proclamando así su célébration du sol en cuanto superficie cotidiana pero inatendida o “poco visible”. En el mismo texto, consignaba que este conjunto de pinturas le resultaban “máquinas de fascinación, de exaltación, de revelación: algo como los oficios de celebración de la materia viva, tomada en sus estados más íntimos y generales”, señalando que las mismas le proporcionaban una “exaltación serena como aquella de las meditaciones asiáticas […] silencios ininterrumpidos donde nada viene a alterar la homogeneidad, la continuidad. Amo los amplios mundos homogéneos sin jalones ni límites (y busco esta equivalencia en mis pinturas)” (2).
Dubuffet indagó en distintos momentos de su carrera sobre la presentación de texturas asociadas a espacios “comunes”. A mediados de los años cuarenta, se ocupó de la superficie del muro urbano como soporte de graffitis en los Messages o de las marcas del paso del tiempo y de la decrepitud de los materiales en Les murs; y en el primer lustro de los cincuenta, en los “paisajes” de la serie Sols et terrains. A través de la composición informal y su uso de la materia como significante expresivo, el artista confrontaba con la tradición artística racionalista y estetizante, y también con los lugares comunes de la abstracción ortodoxa. Pero mientras que Dubuffet reflexionaba sobre el agotamiento del arte occidental y la necesidad de ampliar las fuentes visuales hacia discursos poco conocidos o no convencionales, su anclaje plástico abrevaba en algunos puntos básicos de la conceptualización modernista, como la valorización de la autorreferencialidad, la ambigüedad espacial y la bidimensionalidad.
A principios de 1958, el artista remarcaba que “la idea de liberar a la pintura del dibujo, de ofrecer a la pintura pura –al lenguaje de las superficies pintadas– todas sus posibilidades, me persigue desde hace tiempo” (3). En esos tiempos se encontraba trabajando en la serie de topografías, obras resueltas a partir del recorte y assemblage de texturas realizadas por él mismo previamente. La serie de texturologías surgió del material preparatorio para las topografías que el artista dejó sin recortar ni intervenir con posterioridad a su práctica pictórica, reservándolas como obras autónomas. Para estas pinturas –realizadas al sacudir el pincel sobre la tela extendida en el piso– Dubuffet se basó en la técnica conocida en Francia como tyrolienne, a través de la cual los albañiles obtienen efectos de pátina en el revoque de los muros (4).
Las obras que componen la serie, agrupadas bajo la común denominación Texturologie, fueron interpretadas por distintos autores como una conjunción de suelo y constelación, como una regresión a los primeros estados de la materia o, incluso, como la representación de la desintegración nuclear (5). Cada pintura incluye un registro en números romanos y un título particular que en muchos casos identifica a la obra con un “clima”, una característica cromática o matérica: turbulente, aux scintillements, uniforme, grave, fleurie, aux clartés ocrées, sablé, aux salissures, entre otros.
Incluida dentro del ciclo de “celebración del suelo”, Texturologie XLV (aux crépitements) fue realizada el 30 de mayo de 1958 en Vence, donde Dubuffet había instalado un atelier. El artista presenta una materia centelleante a través de sucesivas intervenciones sobre el lienzo. En algunas zonas se observa la trama de la tela apenas cubierta por el pigmento; en otras, la base pictórica se encuentra más empastada. Sobre esta base se expande una sutil y abigarrada textura compuesta por pequeños puntos, círculos y manchas en blanco, marrón oscuro y distintos tonos de ocre, en alusión a la cualidad terrosa. La obra plantea una tensión entre lo planimétrico y la ambigua profundidad dada por las capas de pigmento y la irregular concentración de puntos que amplifica el efecto de vibración óptica de la superficie.
Texturologie XLV (aux crépitements) fue exhibida profusamente durante el primer lustro de los sesenta en el marco de las exposiciones que presentaban la colección Di Tella al público rioplatense. También en mayo de 1965 tuvo lugar en el Centro de Artes Visuales del Instituto Torcuato Di Tella la exposición 100 obras de Jean Dubuffet, integrada por dibujos y gouaches de la colección particular del artista. Dubuffet, residente en Buenos Aires durante los primeros meses de 1925, retornaba a la ciudad –si bien no personalmente– a través de su obra, inscribiendo su imagen y su nombre en la dinámica escena cultural porteña de esos años.Silvia Dolinko

Notas al pie

1— CAV-COA-2204, Correspondencia Guido Di Tella. Archivo Di Tella, Universidad Torcuato Di Tella.
2— Jean Dubuffet, prefacio al catálogo de la exposición Célébration du sol. Publicado originalmente en Les Lettres nouvelles, Paris, nueva serie, nº 8, 22 de abril de 1959, p. 8-10. Reproducido en Prospectus et tous écrits suivants. Paris, Gallimard, 1966, t. 2, p. 154-156. En francés en el original.
3— Jean Dubuffet, “Notes sur les peintures faites entre le 1er septembre et le 31 décembre 1957. Topographies. Texturologies” en: Prospectus…, op. cit., p. 131.
4— Michel Thévoz, Dubuffet. Genève, Skira, 1986, p. 123.
5— Max Loreau, “Présentation”; Pierre Volboudt, “Jean Dubuffet ou les métamorphoses de l’élémentaire”; André Pieyre de Mandiargues, “Jean Dubuffet ou le point extrême” en: Loreau, 1970, p. 7, 133 y 131.

Bibliografía

1970. LOREAU, Max (ed.), Catalogue des travaux de Jean Dubuffet. Fascicule XIV: Célébration du sol II, texturologies, topographies. Lausanne, Weber, p. 35, reprod. nº 34.
2001. GIUNTA, Andrea, Vanguardia, internacionalismo y política. Arte argentino en los años sesenta. Buenos Aires, Paidós, p. 134-141.
2004. ARTUNDO, Patricia M. (coord.), El arte francés en la Argentina 1890-1950. Buenos Aires, Fundación Espigas, reprod. p. 227.