La terraza

La terraza

  • Autor: Suárez, Pablo
    Nacionalidad Argentina
    (Argentina, Buenos Aires, 1937 – Argentina, Buenos Aires, 2006)
  • Fecha: 1983
  • Origen: Donación, Fundación Antorchas. 1989
  • Género: costumbres, ochentas
  • Escuela: Argentina S.XX
  • Técnica: Acrílico
  • Objeto: Pintura
  • Estilo: FiguraciónRealismo
  • Soporte: Sobre tela
  • Medidas: 236,5 x 177,5 cm.
  • Ubicación: Sala 38 - Arte argentino 1960 - 1980: La nueva imagen del Hombre

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Nº Inventario 9372

Comentario sobre La terraza

​Pablo Suárez fue un artista tan culto como corrosivo que década a década logró definir su propia vigencia en la escena artística argentina. Iniciado en la pintura informalista a fines de los años cincuenta, en 1961 realizó su primera exposición individual, presentado por Alberto Greco, en la galería Lirolay. Fue uno de los protagonistas de la vanguardia artística de los años sesenta y de su radicalización política que lo llevó a suspender su producción en favor del activismo social.
Si bien se consideraba un artista autodidacta, había asistido brevemente al taller de Raquel Forner y Alfredo Bigatti y reconocía la influencia de Antonio Berni, de quien fue ayudante. Suárez heredó del artista rosarino una visión del arte comprometida con la sociedad, ciertos procedimientos que amalgaman la pintura y el objeto y el interés constante por retratar figuras anónimas y marginadas, de insoslayables rasgos vernáculos. Los recurrentes cambios de lenguaje en su producción han evocado la mirada acertada sobre la luz en los horizontes de Prilidiano Pueyrredón y la densidad de las atmósferas de Fortunato Lacámera. Suárez se enrolaba en la tradición del arte popular de Alfredo Gramajo Gutiérrez y Juan de Dios Mena y del punzante humor gráfico rioplatense de Calé, Luis J. Medrano y Florencio Molina Campos. Sin duda, absorbió de este último las fisonomías desorbitadas de sus personajes.
La terraza evidencia una de las varias transformaciones de estilo en su pintura. Luego de la etapa realista con la que reanudó su actividad artística en los años setenta, en los ochenta volvió a una figuración más expresiva, rastreable en sus obras exhibidas veinte años antes. La grotesca sensualidad de los desnudos de sus Muñecas bravas exhibidas en Lirolay en 1964, se reaviva en las carnes rosadísimas de la bañista de esta escena costumbrista. La voluptuosidad de sus pechos al aire preludia el “destape” de una cultura domesticada por la represión en el fin de la dictadura. En 1983, precisamente, la exposición individual de Suárez en la galería Alberto Elía debió ser desmontada por un acto de censura y logró luego burlarlo mudándose a la galería El Círculo.
Entre 1981 y 1985 vivió en el barrio porteño de Mataderos y el semblante de sus vecinos invadió el repertorio de sus obras. Partidario de un arte llano, comunicativo y de fácil acceso, Suárez desdeñaba cualquier interpretación erudita que dilatara la simplicidad con la que concebía sus obras. Como en La terraza, sus imágenes rinden culto al hombre ordinario, a sus hábitos procaces, a la cultura popular sin pretensiones, ni disimulo. Este almuerzo lejos de la hierba pero cercano al cielo retrata un peculiar rincón urbano para la recreación del común de la gente. En lo alto de un edificio de perspectiva alterada, los personajes de facciones caricaturescas parodian otras escenas de ocio de la historia del arte, provocando la indiferenciación entre alta y baja cultura. Acorde al localismo que propugnaba su autor, el hombre de barba crecida exhibe los humeantes chorizos como un trofeo de verano, con el orgullo de hacer patria con un genuino asado argentino.
En 1985 Suárez corporeizó una escena similar en su instalación Quinta periférica, exhibida en una muestra curada por Laura Buccellato en la Fundación San Telmo, donde participaron también Guillermo Kuitca, Alfredo Prior y Armando Rearte, entre otros. Ese mismo año, La terraza formó parte de la muestra La Nueva Imagen argentina curada por Jorge Glusberg –Suárez integró los sucesivos agrupamientos de la Nueva Imagen desde 1982– para la XVIII Bienal de San Pablo y fue expuesta en el sector de la Gran tela (1). En 1994 volvió a formar parte del envío argentino a la vigesimosegunda Bienal. Allí exhibió, entre otras obras, Los que comen del arte (1993, inv. 9826, MNBA) donde desplegó su célebre sarcasmo sobre los agentes del circuito artístico.Viviana Usubiaga

Notas al pie

1— Véanse las entradas de las obras de Juan José Cambre (inv. 11098) y Alfredo Prior (inv. 9334) en esta misma publicación.

Bibliografía

1997. LOPEZ ANAYA, Jorge, Historia del arte argentino. Buenos Aires, Emecé, reprod. [s.p.].
1999. HERRERA, María José, “Los años setenta y ochenta en el arte argentino. Entre la utopia, el silencio y la reconstrucción” en: José Emilio Burucúa (dir.), Nueva historia argentina. Arte, sociedad y política. Buenos Aires, Sudamericana, vol. 2, reprod. color p. 163.
2004. ALAMBERT, Francisco y Polyana Canhete, As bienais de São Paulo: da era do museu à era dos curadores (1951-2001). Sao Paulo, Boitempo, reprod. p. 159 (vista de la Gran tela).
2008. AA.VV., Pablo Suárez. Buenos Aires, Centro Cultural Recoleta, reprod. color p. 70.