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MUSEO/CINE/ARTE 4: La experimentación al poder

Esta semana, el Bellas Artes recomienda siete cortos de vanguardia para toda la familia, disponibles de forma gratuita

En la siguiente selección de cortos optamos por dos criterios. El primero, que puedan ser vistos por toda la familia. El segundo, que giren alrededor del siempre espinoso concepto de “experimentación”. Por lo general, se suele asociar este mote a todo aquello que se ubica por fuera de ciertos cánones narrativos que provienen de la novela del siglo XIX, quizás –en el sentido estrictamente literario– la fuente de mayores influencias en el cine masivo desde su propio origen. Sin embargo, no todo aquello que es “no narrativo” es estrictamente experimental: vean, por ejemplo, cualquier corto del “Correcaminos”. Ninguno cuenta una historia, sino que son series de gags cuya unidad está dada por el estilo, los elementos recurrentes y las combinaciones rítmicas de longitudes de los episodios. Nadie diría que la creación de Chuck Jones es experimental. Aunque, si damos vuelta el argumento, podríamos decir también que es una producción experimental dentro del mismo cine tradicional, a modo de contrabando. Pero seleccionemos la primera definición: un cambio narrativo o una no narración no implica que se trate de experimentos. Sí son experimentales aquellas películas que hacen algo arriesgado que no está asociado a las experiencias previas del espectador, o que apelan a formas de registro y producción originales. O las que crean sus imágenes en movimiento de un modo diferente del mero registro. En esta selección de siete películas, que tienen una duración de entre cinco y treinta minutos, encontraremos un poco de todo esto. El riesgo, adelantamos, vale la pena.

Leonardo D’Espósito

––––––––––––––––

El reino de las hadas

Francia, 1903

Dirección: George Méliès

George Méliès es señalado, casi siempre, como quien abrió uno de los caminos del cine. Si los hermanos Lumière heredaron el registro documental de la fotografía –y, por lo tanto, serían los padres del realismo fílmico–, Méliès, mago de profesión y devoto profesional del vaudeville y el espectáculo teatral ligero, lo sería de la fantasía. El hombre nunca movía la cámara, como sabemos, salvo para realizar el truco de agrandar o empequeñecer, perspectiva mediante, algún elemento. Y sus escenografías, bellamente modulares y perfectamente dibujadas, creaban la misma ilusión de amplitud y profundidad que el teatro. Pero Méliès nunca dejó de experimentar en busca de romper los límites de lo cotidiano a través del cine y, sobre todo, del humor: todas sus películas, con muy pocas excepciones, son comedias llenas de chicas lindas, aventureros disparatados y escenarios que buscaban cualquier cosa menos parecerse a la realidad.

“El reino de las hadas” es una pequeña farsa fantástica, con un amor, unos villanos y mucha fantasía a ritmo vertiginoso, en la que, además, el realizador logra captar los principios básicos del montaje para darle fluidez a una narración pautada en planos fijos. La versión es la restauración del original, coloreado a mano. Como curiosidad, estas películas se pintaban fotograma por fotograma con esmaltes transparentes, y quienes lo hacían eran bordadoras y costureras, las personas con el pulso y la vista más precisos del planeta.

* Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=AfmH7WyWXg8

Ballet Mécanique

Francia, 1924

Dirección: Fernand Léger y Dudley Murphy

Este clásico fue promocionado (se lee en el texto en francés que precede al movimiento, pero no es necesario leerlo para gozar de la película) como el primer filme sin guión. La movida publicitaria fue intensa, y la autoría del francés Fernand Léger o del estadounidense Dudley Murphy es aún materia de debate. Lo que no es debatible es que la película opta por la abstracción, la construcción y deconstrucción del movimiento a través del uso coreográfico de objetos e imágenes, todo en conjunción con la más que moderna música –realmente futurista, movimiento al que la película puede circunscribirse sin problemas– de George Antheil, una pieza extraordinaria en sí misma, con su combinación de orquestaciones clásicas y sonidos que anteceden las experimentaciones de John Cage, un escándalo en su época pero hoy, una obra de vanguardia. La película invita al espectador a dejarse llevar, a que su ritmo musical, su composición en el tiempo y sus pequeñas animaciones (notable el “Chaplin” cubista que abre y cierra el “Ballet”) le muestren otra forma de hacer cosas con el cine que, también, son cine.

* Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=wi53TfeqgWM

Trade Tattoo

Gran Bretaña, 1937

Dirección: Len Lye

El neozelandés Len Lye comprendió perfectamente que el cine permitía toda clase de expresiones. Aunque hoy se lo coloca dentro del campo de la animación, su trabajo debe considerarse experimental tanto en el sentido estricto –creaba formas nuevas del cine y las ponía en funcionamiento para explorar respecto de su impacto– como en el más amplio –sus películas intentaban, “experimentaban” con las posibilidades que abrían el movimiento y el montaje–. Los cortos que realizó para John Grierson en el Correo Británico, todas publicidades para cine, influyeron de manera decisiva en el trabajo posterior de su discípulo Norman McLaren.

"Trade Tattoo” es algo diferente del “dibujo animado”. Lye interviene película virgen, trabaja con sellos sobre el material, combina recortes y fotografías fijas, y utiliza el montaje de pequeños loops de movimiento a los que coloriza especialmente o cruza en sobreimpresión con figuras abstractas. El corto narra el tránsito de mercancías en el Imperio Británico, y es una publicidad sobre el funcionamiento del correo comercial (el mensaje final es sobre los horarios de apertura y cierre de las estafetas). Además, muestra cómo la multiplicidad de material utilizado no es gratuita, sino que tiene como fin transmitir el “ritmo del comercio”, que es también una especie de danza con aires caribeños.

* Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=AJgChOuCSRM

The Little Island

EE. UU., 1958

Dirección: Richard Williams

Fallecido en 2019, Richard Williams es uno de los personajes más influyentes en el cine de animación de la segunda mitad del siglo XX, aun cuando su proyecto más querido, “The Thief and The Cobbler”, un largometraje bellísimo realizado sobre temas y motivos de “Las mil y una noches”, nunca fue terminado tal como él lo deseaba, aunque tuvo cierto estreno comercial. Williams no solo fue un gran animador formado con la mira puesta en el período clásico del cartoon, sino un experimentador de técnicas y, sobre todo, de diseño. A él se le debe toda la animación –realizada a mano, sin una sola computadora– de esa hazaña tecnológica llamada “¿Quién engañó a Roger Rabbit?”, por ejemplo. Fue, además, un gran realizador de cortos abstractos que, incluso siendo narrativos, iban a contramano de lo que habitualmente se hacía en el medio.

“The Little Island” es una especie de relato alegórico con elementos de fantasía y ciencia ficción que culmina en una meditación metafísica respecto del poder, realizada con diseños casi infantiles, colores puros y líneas simples. Influido por las escuelas de diseño publicitario que permearon el dibujo animado desde principios de los años 50, Williams logra una película bastante aparte, inclasificable tanto en la época de su estreno como hoy, seis décadas más tarde.

* Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=NXiC5PkT3Oo

Catalog

EE. UU., 1961

Dirección: John Whitney

John Whitney no solo ha sido un gran experimentador del cine abstracto, discípulo en el trabajo con formas y colores de lo que hicieron –influidos por la Bauhaus– los alemanes Oskar Fischinger y Walter Ruttman, sino que también abrevó especialmente por las nuevas tecnologías. Tiene en su haber una hazaña: ser el realizador de la primera animación digital (con una computadora enorme que requería el trabajo de cinco soldados) en una película comercial, la secuencia de títulos de “Vértigo”, la obra maestra de Alfred Hitchcock, con diseños de genérico de Saul Bass. A partir de esa experiencia, Whitney realizó “Catalog”, que debe considerarse –en su juego de figuras geométricas, su danza hipnótica de círculos y su combinación con la música– como puro arte de vanguardia. Whitney siguió experimentando luego con figuras geométricas y abstractas, y con el uso de las computadoras para lograr las imágenes. Más tarde, su técnica fue retomada por Douglas Trumbull, el ingeniero de efectos especiales para las secuencias clave de “2001: Odisea en el espacio”, de Stanley Kubrick.

* Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=TbV7loKp69s

The Dante Quartet

EE. UU., 1987

Dirección: Stan Brakhage

Probablemente no haya ningún realizador más original –en el sentido amplio del término– que Stan Brakhage, que hizo cine con mucho y con casi nada. Desde el registro de una autopsia (“The act of seeing with one's own eyes”), hasta el movimiento de una polilla en un cenicero (“Mothlight”), pasando por imágenes tomadas en un tren en movimiento (“The Wonder Ring”) o la pintura sobre película directa. Brackhage no utilizaba sonido: consideraba que la música distraía al espectador de la belleza de las imágenes y su movimiento. Nunca dejó de producir, y sus películas –muchas de ellas realizadas en 8 o 16 mm– conforman un cuerpo de obras notables. Sí, en gran medida es cine observacional, pero su sentido no es solo el registro puro ni el capricho: hay un orden musical –una música visual– en el montaje y en la distribución temporal de las imágenes.

En “The Dante Quartet” utiliza tanto la pintura sobre película como el registro de texturas diferentes. Cada fotograma guarda con los contiguos una relación rítmica, pero no porque sea la continuación lógica de un arco de movimiento. Tampoco se trata –como en ciertos trabajos de McLaren– de pintar sobre toda la película para que, al proyectarse, aparezca el movimiento. Brakhage trabaja aquí con la materialidad pura y crea un poema de colores vibrantes, de contrastes entre luces y oscuridades y de diferentes tamaños de cuadro, cuya disposición recuerda paisajes efectivamente dantescos.

* Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=ESLn1OUxMGI&t=135s

Yuwol: el niño que hizo bailar al mundo

Corea del Sur, 2019

Dirección: Beff

A veces la experimentación nace de la propia cultura pop. Esta película es una producción importante y narra cómo un chico que solo quiere bailar logra que todo el mundo –como bien dice el nombre del filme– lo haga. Lo interesante aquí es el trabajo sobre canciones pop, la coreografía constante y el movimiento de la cámara que logra generar un musical que carece de la sensación teatral que tanto explotó en el género el Hollywood clásico. Aquí se trata de un orden que nace, irónico y festivo, del aparente caos. Por momentos, la premisa de personas que se contagian de una extraña enfermedad que los obliga al movimiento recuerda a una película de zombies, y hace estallar en pedazos los prejuicios y las previsiones del espectador respecto de lo que sigue. Más allá de abordar temas como la solidaridad, la mirada de la niñez y la integración de las diferencias, la película representa un ejercicio riguroso sobre el ritmo y el movimiento como una posibilidad continua gracias a las nuevas tecnologías de la imagen.

* Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=zOXFqZ9rGUo

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