Comentario sobre La femme au gros manteau (La mujer del tapado grueso)
A fines de 1949 Pablo Curatella Manes ofreció en donación al Estado argentino un conjunto de treinta y un modelos en yeso de sus obras. Un conjunto en el que se destacaba
La femme au gros manteau, una de las piezas clave de su producción (1).
Al pensar en el universo visual que uno puede intentar reconstruir a partir de las cincuenta y dos esculturas expuestas en el Salón Nacional de Bellas Artes de 1923 –primera vez que
La femme au gros manteau fue expuesta– esta pieza es, sin lugar a dudas, la nota destacada. ¿Por qué? Porque en su propuesta renovadora y aun camuflada detrás del toque de contemporaneidad que exhibe (abrigo, sombrero, zapatos), resulta imposible ignorarla. ¿Cómo fue que se filtró en un espacio oficial que ese año se había dado el gusto de rechazar a un alto porcentaje de artistas dando lugar a un salón paralelo, el Primer Salón de Artistas Independientes? Tal vez la presencia de Ernesto de la Cárcova, miembro del jurado de la sección escultura –quien desde su función como Patrono de los becarios en Europa se había caracterizado por ser bastante abierto a las inquietudes y propuestas de los más jóvenes– pueda explicarla. Sin embargo, no basta que un artista consiga infiltrarse en un espacio reacio y reticente frente a lo nuevo. De hecho, la obra pasó prácticamente desapercibida y los primeros premios recayeron en Luis Rovatti y J. C. Oliva Navarro, artistas hoy poco recordados. Pero si
La femme no tuvo reconocimiento oficial, sí lo recibió de parte de quien ejercía la primera magistratura del país, Marcelo T. de Alvear, quien adquirió la pieza en bronce para su colección (2). Esto no resulta extraño, sobre todo si pensamos en la relación de Alvear con Antoine Bourdelle, a cuyo estudio en París asistía Curatella; inclusive, ya en 1924, el ingreso del escultor como escribiente en la Embajada de Argentina en París estuvo dado de la mano de Alvear. A comienzos de octubre de 1924,
La femme au gros manteau reapareció, esta vez en su exposición individual en la galería Witcomb. En principio, un pequeño conjunto de obras que apenas nos es posible reconstruir ante la falta del catálogo, pero que ubican al artista en el mismo espacio y casi en el mismo momento en que tuvo lugar ante el público porteño la escandalosa exposición de Emilio Pettoruti. Organizada por su hermano Horacio Curatella –operador de fotografía en Witcomb– la exposición fue montada seguramente con las obras enviadas desde París junto a las destinadas al Salón de ese año. La muestra en Witcomb tenía una intención si se quiere didáctica: desde
Mujer sentada (1916), pasando por
Niño de Flandes (1917) e
Isis (1917, inv. 7240, MNBA) hasta
Pensativa (1922, inv. 7244, MNBA),
La femme y dos bajorrelieves, uno de ellos
Las tres bañistas (1921, inv. 7243, MNBA) (3). Y aunque es arriesgado hacer una afirmación solo contando con datos parciales, al tener en cuenta esta selección parece evidente que las tres esculturas de fecha más temprana podían ser leídas como un antecedente directo de las restantes: independencia frente al modelo del natural, el trabajo a partir de una síntesis plástica que elimina lo anecdótico y destaca las formas geométricas puras, además de la preferencia por las formas cerradas sobre sí mismas. De allí a
Pensativa y a
La femme, lo que se podía vislumbrar era una coherencia en sus búsquedas y esto aun cuando las problemáticas planteadas en estas dos últimas piezas fueran ya otras. Sin embargo, persistía en ellas ese sentido arquitectónico y constructivo que actuó como principio básico en el tratamiento de sus obras de los primeros años de la década de 1920. En particular,
La femme au gros manteau, en esa suerte de elegancia contenida que la define, muestra en el rostro un carácter clásico próximo al Picasso de
Retrato de la mujer del artista (1923). Pero por otro lado, habla también de un cubismo que es reelaborado en el empleo de planos encontrados y, en algún caso, desplegados en abanico, en la multiplicidad de direcciones planteadas y en la utilización de líneas rectas y curvas, todo lo cual determina un juego de luces y sombras también contrapuestas. En esta nueva manera de expresar las formas escultóricas, esos elementos confluyen en la generación de un equilibrio que, en la resolución formal de las tensiones presentes, excede al de su propia tectonicidad. De aquí a piezas como
El guitarrista o
Ninfa recostada –que en su exploración formal lo ubican en la misma línea experimental en la que trabajaban artistas como Ossip Zadkine y Jacques Lipchitz– el paso es seguro.
por Patricia M. Artundo
1— En tiempos políticos difíciles para la Argentina, el expediente iniciado en 1950 solo encontró resolución seis años después cuando la donación fue aceptada y destinada al MNBA. En los considerandos del decreto de aceptación no se contemplaba la necesidad de hacer fundir en bronce los modelos en yeso, aunque sí el que fueran exhibidos previo a su envío a la Argentina. El conjunto finalmente llegó al país después del fallecimiento del artista e ingresó al MNBA en 1965.
2— De La femme au gros manteau, además del yeso, se conoce la versión en tierra cocida, la cerámica y el bronce. En relación con este, existen dos piezas fundidas por C. Valsuani. Sabemos por Marcelo E. Pacheco (comunicación personal a la autora, 18 de octubre de 2009) que en general Curatella hacía fundir dos piezas, de las cuales conservaba una para sí y destinaba la otra a la venta. La pieza perteneciente a Alvear salió a la venta en 1942, oportunidad en que fue adquirida por Andrés Garmendia Uranga, y actualmente se encuentra en una colección privada. La segunda pieza pertenece a Jorge Curatella, hijo del artista.
3— Este listado de obras se desprende de las reproducidas en: “Las exposiciones de la semana en Witcomb y Van Riel: exposición de Pablo Curatella Manes”, La Nación, Buenos Aires, 12 de octubre de 1924, p. 7 y Alberto Prebisch, “Pablo Curatella Manes”, Martín Fierro, Buenos Aires, 20 de noviembre de 1924, [s.p.]. La exposición de Pettoruti se inauguró el 13 de octubre.
Bibliografía
1963. SVANASCINI, Osvaldo, Curatella Manes. Buenos Aires, Ediciones Culturales Argentinas, p. 39-40, reprod. [s.p.].