En cada sueño habita una pena

En cada sueño habita una pena

  • Autor: Prior, Alfredo
    Nacionalidad Argentina
    (Argentina, Buenos Aires, 1952 )
  • Fecha: 1985
  • Origen: Donación, Fundación Antorchas. 1990
  • Género: transvanguardia, ochentas, literario
  • Escuela: Argentina S.XX
  • Técnica: Acrílico
  • Objeto: Pintura
  • Estilo: FiguraciónNeoexpresionismo
  • Soporte: Sobre tela
  • Medidas: 200 x 180 cm.
  • Ubicación: Sala 40 - Arte argentino, los 80

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Nº Inventario 9334

Comentario sobre En cada sueño habita una pena

​El pintor Alfredo Prior es también escritor, performista y músico. Realizó su primera exposición individual en la galería Lirolay en 1970. Cursó Letras en la Universidad de Buenos Aires donde conoció al poeta Arturo Carrera; allí iniciaron su intensa y duradera amistad antes de abandonar la facultad (1). A través del poeta conoció a Osvaldo Lamborghini y César Aira, otros dos notables interlocutores del artista que contribuyeron a la sensibilidad literaria de su pintura. Junto con Amalia Sato se adentró en los saberes del arte y la literatura orientales que subyacen en su producción. Estudió cerámica con Juro Mizutani y caligrafía y tintas con Setsuo Shibata.
Luego de sus inicios ligados a la abstracción geométrica comenzó a cargar sus superficies de fábulas visuales de denso cromatismo. En forma paralela a su serie de Osarios (1982-1987), hacia 1985 Prior realizó un conjunto de pinturas que tituló repetidamente En cada sueño habita una pena. En ellas los pequeños lienzos ocupados por cabezas de niños-osos dejaron paso a telas de mayor dimensión donde figurillas de igual tenor ominoso quedaban reducidas, a veces asediadas, en un magma de materia y color de espíritu informalista. Sobre el conejo de Prior, esa criatura fantástica que protagoniza la serie, César Aira –quien supo convertir al pintor en personaje de sus novelas– ha escrito que “queda posado sobre un plano atmosférico que es una pura absorción de color, o un puro escenario de prolongados y dichosos trabajos. Entonces ‘el mundo como capricho y miniatura’ (Bachelard) se confunde para siempre con el de la necesidad y el monumentalismo: y tan justo es el tejido de sus términos que nadie sabrá con certeza cuál se oculta en el otro, y qué motivos hay para no confundirlos” (2). Prior, admirador de Goya y Turner, se ha definido como un pintor neomanierista, capaz de “piratear” el repertorio disponible de la cultura visual e histórica en una pintura no carente de ironía y humor.
En la obra del MNBA el personaje del hombre-conejo aparece en una escena que contiene un doble e infinito juego de descubrimiento y encubrimiento. Una máscara sobre el escenario devela su rostro pero lejos de aliviar al espectador en el reconocimiento, la extrañeza de su fisonomía se intensifica. Por otro lado, su figura de rodillas es descubierta detrás de un denso telón rojo que simultáneamente oculta el cuerpo de la mujer cuya pierna el personaje atrapa entre sus manos. La anécdota en suspenso imprime un perturbador grado de perversión en lo desconocido. Al igual que para Marcel Duchamp, los títulos de las obras de Prior actúan como uno más de los componentes de su estructura. Como un color, la denominación En cada sueño habita una pena colabora en teñir la obra de un velo onírico e intensifica la angustia sobre este silencioso episodio de pesadilla.
La pintura fue realizada en el sótano de La Zona, un espacio de producción y exhibición emblemático para la generación de artistas jóvenes en los años ochenta de la que Prior fue un activo integrante. Allí compartía taller con su propietario Rafael Bueno, José Garófalo y Martín Reyna y realizaba múltiples trabajos en colaboración con otros artistas como Guillermo Kuitca, Armando Rearte y Osvaldo Monzo. Aquel subsuelo de precarias condiciones solía inundarse y el artista recuerda haber trabajado en esta y otras de las obras que formaron parte del envío a la Bienal de San Pablo de 1985 calzado con botas en el agua y en peligro de electrocución. Algo de ese anecdótico riesgo en el proceso de producción tal vez se haya registrado en el lienzo y permanece allí, en el latente padecimiento de la imagen. Sobreviviendo a las circunstancias, la pintura fue incluida en la exposición La Nueva Imagen argentina curada por Jorge Glusberg para la decimoctava Bienal de San Pablo (3).Viviana Usubiaga

Notas al pie

1— Viviana Usubiaga, “Diálogos entre la poesía de Arturo Carrera y la pintura contemporánea en la postdictadura argentina” en: Viviana Usubiaga y Ana Longoni, Arte y literatura en la Argentina del siglo XX. Buenos Aires, Fundación Espigas (Premio Telefónica a la investigación en historia de las artes plásticas), 2006, p. 17-59.
2— César Aira, Alfredo Prior, pinturas, cat. exp. Buenos Aires, Ruth Benzacar, 1986.
3— Sobre esta exposición véanse las entradas de las obras de Juan José Cambre (inv. 1198) y Pablo Suárez (inv. 9372) en esta misma publicación.

Bibliografía

1996. GLUSBERG, Jorge, “Alfredo Prior” en: 70-80-90. Setenta artistas de las décadas del ochenta y noventa, cat. exp. Buenos Aires, MNBA, p. 137.
2007. CIPPOLINI, Rafael, Alfredo Prior. Buenos Aires, Vasari, reprod. color p. 35.